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Adultos que aprendieron a sobrevivir al bullying


Algunos adultos llegan a terapia sin entender del todo por qué se sienten así.

Dicen cosas como:

“No sé por qué me cuesta tanto hablar en reuniones.”
“Siento que en cualquier momento se van a dar cuenta de que no soy suficiente.”
“Prefiero no acercarme mucho… después igual me van a dejar.”

Y poco a poco, aparece la historia.

El bullying que vivieron años atrás.
Las burlas. El aislamiento. La sensación de no encajar.

“En el colegio me decían que era rara. Ahora, cada vez que entro a un grupo, siento que tengo que demostrar que no lo soy.”
— Paula, 34 años

El problema es que el bullying no termina cuando termina el colegio. Muchas veces, se internaliza.

Se convierte en una voz interna que cuestiona, que anticipa rechazo, que empuja a esconderse o a sobre adaptarse.

“En el trabajo nunca doy mi opinión. Me da miedo que sea tonta… como antes.”
— Rodrigo, 41 años

En la vida adulta, estas heridas pueden aparecer como:

  • Dificultad para confiar en otros
  • Problemas en equipos de trabajo
  • Necesidad excesiva de aprobación
  • Baja autoestima persistente
  • Sensación de soledad, incluso acompañado

“Tengo amigos, pero igual me siento sola. Como si no perteneciera del todo.”
— Camila, 29 años

No es que “les falten habilidades sociales”. Es que aprendieron a protegerse.

El aislamiento, el silencio, la autoexigencia… en algún momento fueron estrategias para sobrevivir.

Pero lo que alguna vez protegió, hoy limita.

La buena noticia es que esto se puede trabajar.

“Por primera vez pensé… quizás nunca fui el problema.”
— Andrés, 38 años

Sanar no significa olvidar.

Significa dejar de vivir desde esa herida.

Y, poco a poco, empezar a habitar el presente con una voz interna más amable, más justa… más propia.